PISA 2025 RATIFICA LA CRISIS Y EMERGENCIA EDUCATIVA QUE ENFRENTA EL ECUADOR

El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), impulsado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúa a estudiantes de 15 años en Matemática, Lectura y Ciencias. En Ecuador participaron 9.128 estudiantes de 266 instituciones educativas, que representan estadísticamente a alrededor de 267.900 jóvenes ecuatorianos de 15 años escolarizados. Como ya es de conocimiento público nuestro país obtuvo 366 puntos en Matemática, 385 en Lectura y 393 en Ciencias, muy por debajo de los promedios establecidos por la OCDE de 482 puntos.

Sin embargo, los resultados de PISA 2025 no pueden reducirse a un ranking. Los datos muestran problemáticas mucho más profundas: las condiciones sociales, económicas, humanas, pedagógicas, de salud y materiales en las que se aprende también importan y están estrechamente relacionadas con los resultados educativos. 

Una sociedad inequitativa construye un sistema educativo inequitativo 

En varios países se han encendido las alarmas tras estos resultados que se los compara con los del 2017. Sin embargo, es necesario tomar en cuenta el índice de cobertura de jóvenes de 15 años. Para PISA 2025 fue de aproximadamente 84% y para PISA-D (2017) fue de 60,6% frente a lo cual la propia OCDE advierte que el descenso en los resultados estaría asociado a la integración de más jóvenes de 15 años de poblaciones vulnerables en el sistema escolar (OCDE, 2026, p. 3). 

Es decir, el descenso está asociado a una participación más amplia de estudiantes pertenecientes a poblaciones históricamente desfavorecidas donde el componente socioeconómico constituye un factor clave para interpretar los resultados de PISA. Razón por la cual, el retroceso como país en los resultados no evidencia, por sí solo, un retroceso en la calidad educativa, sino que también refleja las profundas desigualdades socioeconómicas que influyen en el proceso de enseñanza y aprendizaje. 

Tanto los documentos de INEVAL y OCDE-PISA 2025 identifican que los estudiantes pertenecientes al 25% socioeconómicamente más favorecidos obtuvieron 86 puntos más en Ciencias que aquellos ubicados en el 25% más desfavorecido. Esto significa que no todos los estudiantes llegan a una evaluación desde el mismo punto de partida social. El informe expresa que el 51% de las y los estudiantes ecuatorianos estudian en instituciones donde faltan materiales educativos afectando al aprendizaje. Además, el 47% estudia en instituciones donde las deficiencias de infraestructura física dificultan el proceso educativo. Y un 25% de estudiantes pertenece a instituciones donde falta personal docente, según lo reportado por sus directivos. ¿Cómo podemos exigir los mismos resultados cuando no garantizamos las mismas condiciones para aprender?

Los resultados también expresan la realidad de la convivencia. El 23% de los estudiantes ecuatorianos declaró haber sufrido alguna forma de acoso escolar varias veces al mes o con mayor frecuencia. Asimismo, alrededor del 31% manifestó haber faltado al menos un día completo de clases durante las dos semanas anteriores a la evaluación, mientras que el 53% señaló haber llegado tarde al menos una vez debido a que estudian y trabajan.  ¿Cómo aprende un estudiante cuando la pobreza, la desigualdad, las violencias o la falta de recursos atraviesan su vida cotidiana? ¿Cómo exigimos mejores resultados a una escuela que carece de docentes, materiales o infraestructura adecuada? ¿Cómo hablamos de calidad educativa si por años no se solucionan las condiciones mínimas que hacen posible aprender y enseñar de manera digna?

PISA 2025 expresa una valoración positiva del trabajo y apoyo de los docentes

De acuerdo con la OCDE (2026), el 86% de los estudiantes ecuatorianos manifestó que sus docentes muestran interés por el aprendizaje de cada estudiante, el 80% señaló que continúan enseñando hasta lograr la comprensión y el 85% indicó que reciben ayuda adicional cuando la necesitan; en los tres indicadores, Ecuador supera ampliamente el promedio de los países de la OCDE (p. 9).

Frente a esta realidad, hacemos un llamado al Gobierno, a la sociedad, a la opinión pública, a las instituciones y a las organizaciones sociales y educativas a realizar una lectura amplia e integral de los resultados de PISA 2025. Los propios datos evidencian una valoración positiva del acompañamiento y del compromiso docente, un elemento que no puede ser ignorado al momento de explicar el denominado retroceso en los aprendizajes.

Si el problema no se centra en las capacidades de los estudiantes ni en las de sus docentes y su entrega, hay que analizar las políticas educativas que van afectando cada vez más los resultados escolares, la debilidad presupuestaria y el contexto nacional, plagado de problemas que afectan a las instituciones educativas. La educación es una tarea pendiente para el Gobierno y el país.

Por ello, cualquier política o decisión orientada a mejorar los resultados educativos debe partir también de la revalorización efectiva del magisterio. Esto implica reconocer su papel pedagógico, respeto a sus derechos, fortalecer sus condiciones de trabajo y devolver a la enseñanza el lugar central que le corresponde dentro del sistema educativo. La autoridad educativa nacional debe comprender que la pedagogía debe volver al centro del aula y que el tiempo del docente no puede seguir siendo desplazado por una creciente burocratización, cargas administrativas y sobrecarga laboral que reducen el espacio destinado a enseñar, acompañar y retroalimentar a nuestros estudiantes. 

Enfrentar los desafíos que muestran los resultados de PISA exige cuidar a quienes sostienen cotidianamente el proceso educativo y garantizar condiciones dignas y necesarias para concentrarnos con mayor fuerza en nuestra tarea fundamental de enseñar y aprender. Pero también demanda tomar en cuenta la voz crítica y propositiva de los docentes y su gremio que por años estamos solicitando se acojan nuestras propuestas que apuntan a fortalecer la educación entre las cuales están: 

– Como educadores realizamos un llamado al país y autoridades a entender que PISA 2025 no señala que nuestros estudiantes sean incapaces ni que nuestros docentes hayan fracasado. PISA evidencia que Ecuador tiene enormes brechas sociales que se expresan en el aprendizaje. Esas brechas están profundamente relacionadas con las desigualdades y condiciones en las que se desarrolla la educación. 

– Ubicar la inversión en educación dentro del debate de los resultados de PISA para enfrentar las brechas sociales que hoy afectan a nuestros estudiantes. Por eso, insistimos en que es urgente declarar en emergencia a la educación con el fin de priorizar recursos económicos. 

– Conminamos a la ministra de Educación, Cultura y Deporte a convocar al Consejo Nacional de Educación como lo establece la LOEI en su Art. 30, el cual es un organismo especializado y permanente de orientación, asesoría y consulta. El Consejo, al conformarse por los diferentes sectores de la comunidad educativa, ayudará a convertir los resultados de PISA en una agenda de política pública y así evitar respuestas aisladas, imposiciones verticales centradas en regresar a currículos caducos o en aumentar evaluaciones que al final terminan convirtiéndose en mecanismos de responsabilidad individual. 

Comité Ejecutivo – Unión Nacional de Educadores

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